Las fallas y la censura

Una peculiaridad de las fallas es la figuración satírica de un hecho social censurable. Tienen un tema concreto y responden a una intención crítica o burlesca. A mediados del siglo XIX dos temas ocuparon preferentemente a los falleros: la falla erótica y la crítica social.

Os cuento ahora un hecho real. En 1858, los falleros de la plaza del Teatro pretendían levantar una falla de movimiento con una alusión directa a las desigualdades sociales. Los versos eran de Josep María Bonilla. La falla fue prohibida por la autoridad, pero los falleros repitieron el tema al año siguiente.

Por otro lado, con el nombre de falla erótica o tendencia anti-conyugal, designaba un tipo de fallas la prensa de mediados del XIX.Éstas, muy abundantes eran prolíficas en alusiones picantes o escabrosas mediante un lenguaje plagado de equívocos y que reflejaba una mentalidad hedonista.

Estas presiones públicas consiguieron la desaparición definitiva de las fallas de trastos viejos y, en 1886, que no se plantara ningún monumento dentro de la ciudad. Pero la fuerza de los vecinos y de los medios de comunicación consiguió una buena rebaja de los impuestos a las fallas, cosa que unida a la creación de los premios a los mejores monumentos por parte de la revista El Traca, hizo que en 1887 la tradición volviera con potencia: 29 fallas se plantaron ese año.

En la falla artística no desparece la crítica, incluso experimenta una radicación política, pero a ésta se une la preocupación formal, constructiva y estética sobre el conocimiento del monumento.